Cuando se habla de revolución, a todos nos viene a la cabeza la lucha obrera, Marx, El Capital,... No quiero entrar por ese camino. No se me vaya a malinterpretar - hay mentes muy simples-. Dígase por delante que soy defensor del libre.mercado, además de un centrista diletante y un pensador independiente. No obstante siempre he analizado la ciencia histórica desde principios del materialismo histórico. Recordaba aquellas viejas controversias ,cuando estudiaba en la facultad, entre ser marxista o marxiano. Me decanto, evidentemente, por lo segundo. El método con avanzadas aplicaciones, sigue siendo válido para analizar las ciencias humanas y buena parte de la economía. Lejos de esa doctrina ortodoxa marxista, absurda y que no ha traido más que problemas a la humanidad.
Dicho esto y fijada mi posición ideológica, centrémosnos en lo que quería explicar.
Decía Marx en la XI Tesis de Feurbach: "Los filósofos no han hecho sino interpretar el mundo de diferentes maneras, lo que importa es transformarlo."
Si nos centramos en este axioma, podríamos interpretarlo como necesidad de pura acción. Debe profundizarse. Se pretende que el análisis sea científico, que se cree una teoría y un método que rompa con las teorías clásicas de interpretación del mundo. No se niega que deba existir una filosofía que sustente la teoría científica y que desde ella se expliquen los procesos para su mejor interpretación y por tanto para su transformación. Unir la teoría a la acción. Althusser ya había señalado la correlación entre las grandes revoluciones ciéntificas y filosóficas.
No cabe duda que en el primer lustro del siglo XXI se ha producido una revolución científica y social de gran calado. Las llamadas nuevas tecnologías y las nuevas comunicaciones han abierto una brecha con los antiguos modos de producción. Una sociedad más interconectada, con más conocimiento, con más poder de información ha surgido de esa revolución tecnológica y comunicativa. Una revolución que está democratizando muchos aspectos de la vida. Una nueva visión del hombre, de las relaciones sociales, de la economía, de la empresa, del mundo laboral,...empiezan a surgir.
¿Cómo afectará todo esto a nuestras vidas?, ¿cómo afectará a nuestros modos de producción, empresas, economía en general? y especialemente como afectará a nuestro sector cómo importante actividad económica y fenómeno social masivo del siglo XXI. Es dificil de saber. Pero ahí entra la parte de transformación que decía Marx a partir de la teoría. Ahí empieza nuestra capacidad revolucionaria de cambiar el orden las cosas, de anular los viejos modos de producción con todas sus connotaciones y crear uno nuevo.
Parece fácil, qué está a la mano. Nada más lejos. A toda acción le corresponde una reacción (tesis-antítesis). Hay reacciones claras, evidentes. Por ejemplo en estos días asistimos a los intentos de los oligopolios de Murdoch para cargarse internet (veáse la cita abajo) . Pero hay otros menos evidentes, ocultos. Aquellos que nacen del miedo al cambio, de los intereses creados, de la ignorancia, ... Son peores, más peligrosos. Socavan el avance.
En nuestra revolución del turismo, en nuestros postulados teóricos, en nuestra filosofía debemos dejar claro cual será la evidente mejora para todos, pero deberemos ser metículosos en la estrategia de la acción, de la práxis. Se corre el riesgo de no convencer y de no vencer.
CITA:
http://www.enriquedans.com/2009/11/el-hombre-que-quiere-romper-inte...